Ejercicio

Ejercicio y tensión arterial en el paciente renal

Por qué moverse baja la tensión, y cómo evitar que baje de más.


La hipertensión y la enfermedad renal se alimentan la una a la otra. El ejercicio es de las pocas herramientas que actúa sobre las dos a la vez.

Qué pasa cuando te mueves

Durante el esfuerzo la sistólica sube: es normal. Lo interesante llega después: tras una sesión la tensión suele quedarse por debajo de tu punto de partida durante horas, y repetido a lo largo de semanas ese efecto se consolida.

Cuándo medirla

  • Antes de empezar, si vienes de cifras descontroladas.
  • Al terminar, sentado y tras cinco minutos de reposo.
  • Siempre en el mismo brazo, nunca en el de la fístula.

Cifras que hacen aplazar

Como orientación: con la sistólica por encima de 180 o la diastólica por encima de 110 en reposo, mejor no entrenar y consultar. Y por debajo de 90 de sistólica con mareo, tampoco.

Cuidado con las bajadas

Los días de sesión, y con algunos antihipertensivos, la tensión puede caer al parar de golpe. Termina siempre con cinco minutos de caminata suave en lugar de sentarte de repente.

Información general, no una pauta personalizada. Antes de empezar o cambiar tu rutina, habla con tu nefrólogo: la enfermedad renal, la diálisis y la medicación cambian lo que tu cuerpo tolera.

Ver más artículos