Ejercicio y enfermedad renal crónica: por dónde empezar
Por qué moverse ayuda a tu riñón y a tu corazón, y cómo dar el primer paso sin pasarte.
Durante años se dijo a los pacientes renales que descansaran. Hoy sabemos que lo contrario ayuda: moverse mejora la tensión, la fuerza, el descanso y el ánimo.
Qué ganas
- Tensión más controlada: caminar a diario es de las medidas no farmacológicas con más respaldo.
- Menos pérdida de músculo, que la enfermedad renal avanzada consume.
- Mejor tolerancia a la diálisis: con más fondo físico se acaba la sesión menos agotado.
- Mejor descanso y menos ansiedad.
Cuánto empezar
Empieza por debajo de lo que crees que aguantas: 10 minutos, 3 días por semana. Cada semana sube cinco minutos o un día. Al terminar debes poder hablar sin quedarte sin aire.
Qué evitar
- Sesiones largas «para recuperar el tiempo perdido»: la vía rápida al abandono.
- Ejercicio intenso el día de la diálisis, sobre todo después.
- Cargar peso con el brazo de la fístula.
- Entrenar con fiebre, tensión descontrolada o mucha retención de líquidos.
Información general, no una pauta personalizada. Antes de empezar o cambiar tu rutina, habla con tu nefrólogo: la enfermedad renal, la diálisis y la medicación cambian lo que tu cuerpo tolera.